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lunes, 14 de octubre de 2013

La Sangre y el Nombre de Jesucristo


Por Eliseo Duarte
Asamblea Nacional de Pastores 2011 - IPUC


La sangre de Cristo nos redime: En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia (Efesios 1:7).

La sangre nos justifica: Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3:24-26).

La sangre nos santifica: Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta (Hebreos 13:11-12).

La sangre nos lava: Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén (Apocalipsis 1:5-6).

La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado, pero la Biblia no dice que la sangre perdona. Los que son bautizados en los títulos Padre, Hijo y Espíritu Santo, dicen: No, pero si el Señor me limpió; yo oro y el Señor me escucha, yo no necesito más nada porque el Señor me limpió, estoy limpio; una cosa es la limpieza y otra cosa es el perdón; la limpieza se opera en la conciencia cuando la persona ejerce fe en la obra del Calvario.

Cuando Pedro regresó a Jerusalén después de lo sucedido en la casa de Cornelio, y lo censuraron por haber comido con los incircuncisos, él les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones (Hechos 15:7-9). Por eso una persona puede recibir el Espíritu Santo sin ser bautizado, cuando la persona ejerce fe en lo sucedido en el Calvario, su conciencia es limpia, pero eso no lo exonera de ser bautizado. Cuando Pedro vio lo acontecido en la casa de Cornelio los mandó a bautizar en el nombre del Señor Jesús.

La sangre no perdona, porque es una parte de Cristo, usted tiene sangre, tiene huesos, tiene carne, tiene nervios, tiene vísceras, tiene espíritu, tiene alma; la sangre es una parte de Cristo, no es todo, pero el nombre sí lo encierra todo; cuando usted dice Jesucristo, ahí está todo lo que es él.

El nombre nos fue dado para dos cosas principales: (1) para el perdón de los pecados y, (2) para recibir la adopción.

El bautismo para perdón de los pecados:

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).

Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén (Lucas 26:47).

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38).

De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre (Hechos 10:43).

Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre (Hechos 22:16).

Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre (1 Juan 2:12).

Algunas versiones dicen que el bautismo es para remisión, ¿qué quiere decir remitir? Remitir quiere decir enviar, y Jesús dijo: A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos (Juan 20:23). En el acto del bautismo cuando el ministro invoca el nombre de Jesucristo sobre el candidato, se sucede la remisión. ¿Cuándo es esto? Los pecados de algunos hombres se hacen patentes (son manifiestos) antes que ellos vengan a juicio (a quienes le son remitidos), mas a otros se les descubren después (1 Timoteo 5:24).

En el gran trono blanco ¿cómo va a suceder? Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20:12-15).

Cada pecador tiene su libro, ahí está su sumario, su prontuario; y si no los remite a juicio, cuando llegue le van a bajar la maleta, o le van a abrir el libro. Por eso, el ser limpio por la sangre, el ser engendrado por la palabra, no nos exonera de ser bautizados en el nombre glorioso de Jesucristo. El bautismo es para remover, la limpieza se sucede aquí, pero el perdón se sucede allá en el trono, allá se remueve le culpa. Por eso es necesario seguir predicando el único bautismo en el nombre de Jesucristo.

El bautismo para recibir la adopción:

Si usted recoge un niño del orfanato o de la calle, y le da pan, techo, educación y vestido; eso no lo hace hijo, lo que lo hace hijo es que usted le dé el nombre de su familia, la adopción es simplemente darle el nombre de la familia.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:10-13).

Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo a sí mismo, según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1:5 RVA)

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra (Efesios 3:15-15) Note que dice de quien y no de quienes, y está hablando del Padre y de Jesucristo.

¿Cómo se puede pretender ser hijo de Dios y no llevar el nombre del Padre? Todo el que nace en una familia lleva el nombre del padre de la familia, y Jesucristo es el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. ¿Será lógico que uno quiera pertenecer a la familia de Dios y rehusar el nombre del padre de la familia? No, absurdo; pero hay millones así.

martes, 13 de agosto de 2013

1er Congreso de Doctrina: Perserverando en la Doctrina de Cristo


1ª CONFERENCIA: El día de reposo como sombra de Cristo




2ª CONFERENCIA: El bautismo en agua




3ª CONFERENCIA: ¿También Saúl entre los profetas?




4ª CONFERENCIA: La identidad de Dios




El hno. Luis Polo es pastor de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia en la ciudad de Barranquilla, ha escrito varios libros sobre la Doctrina Apostólica: La Identidad de Dios, Saliendo de la Sombra, Es lo que la Biblia Enseña, Glorificad a Dios en vuestro Cuerpo, ¿Creciendo en Gracia?, Adoctrinando a la Luz del Mundo.

PEDIDOS E INVITACIONES
315-8452211
luispolobello@hotmail.com 

jueves, 15 de noviembre de 2012

El Bautismo del Espíritu Santo


Por Augusto Pérez

INTRODUCCIÓN

Estamos en los últimos días antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo, y por lo tanto son tiempos tremendamente emocionantes, para los que decidan recibir de Dios, lo que Él quiere dar a cada uno de nosotros. No es un misterio el que Dios esté derramando de su Espíritu de una manera muy especial en el mundo entero. La revista Time dice que las iglesias pentecostales están ganando más almas en México, América Central y América del Sur, que todas las otras iglesias protestantes combinadas. ¿Cuál es la razón para este acontecimiento? Dios está restaurando el mensaje apostólico de Pentecostés en los últimos días, inmediatamente antes de su venida, como dice Hechos 2:17: "Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne". Miles de almas están despertando de sus letargos espirituales, de tradiciones secas y muertas que han recibido en nombre de la cristiandad; están rompiendo con sus tradiciones, buscando y recibiendo esta experiencia Pentecostal. Esta experiencia con Dios es la única capaz de satisfacer la profunda necesidad que hay en tu alma, de ser amado(a) por tu creador y salvador, sintiéndolo viviendo dentro de ti como RÍOS DE AGUA VIVA.

¿QUIÉN PUEDE RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO?

El apóstol Pedro lleno del poder del Espíritu Santo, se puso en pie en el día de Pentecostés y les dijo a los que habían respondido a su predicación: "Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare". (Hechos 2:38-39).

Así comenzó la Iglesia Apostólica primitiva. Ese es el mensaje que se predicaba en aquel entonces, y ese es el mensaje que todavía predican los que obedecen la Palabra de Dios completamente, no solamente una porción de ella; "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42). No hay en la Palabra de Dios quien diga, que Él cambió su plan para la iglesia. El don del Espíritu Santo es un derecho de todo creyente. Su presencia continúa dejándose sentir dentro de cada creyente en la iglesia moderna, como se dejó sentir poderosamente en la iglesia apostólica el día de Pentecostés.

En Samaria los creyentes también recibieron el Espíritu Santo (Hechos. 8:14-20). En Cesarea los que no eran judíos también recibieron el don del Espíritu Santo (Hechos 10:44-48). Como 20 años después del día de Pentecostés en Jerusalén, Pablo, en Éfeso, encontró a unos discípulos de Juan el Bautista que aún no habían recibido el Espíritu Santo, ni habían sido bautizados en el nombre de Jesucristo. A estos les preguntó: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?" (Hechos 19:2), al ellos contestar que no, el apóstol Pablo les expuso el plan de salvación, luego que ellos fueran bautizados les impuso las manos inmediatamente y recibieron el don del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas.

Sin duda alguna, todos los que se entregaban a Jesucristo en la Iglesia apostólica, eran bautizados en el nombre de Jesucristo y llenos del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen. ¡La promesa es también suya; por qué no aprovecha y la recibe en el nombre de Jesucristo!

LA EVIDENCIA

Es evidente cuando leemos la Biblia que cada vez que alguien recibía el Espíritu Santo había una manifestación, una señal externa que no se podía negar, esconder o tapar. Nadie JAMÁS recibió el bautismo del Espíritu Santo sin que se enterara la persona que estaba cerca. En Jerusalén una multitud de judíos la vio y la oyó: "Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís" (Hechos 2:33). En Samaria, el mago Simón la vio: "Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo..." (Hechos 8:18). En Cesarea, los que acompañaban a Pedro la oyeron también: "Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios" (Hechos 10:46).

¿Qué fue aquello que esta gente vio y oyó? Cuando cayó por primera vez en el aposento alto, hubo un viento recio, hubo fuego, y hubo otras lenguas. Pero las manifestaciones que ocurrieron después de este derramamiento inicial, no fueron acompañadas de fuego, ni de viento, solamente se oyó hablar en lenguas según el Espíritu les daba que hablasen (Hechos 11:15). En la ciudad de Éfeso, Pablo les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo desde que habían creído, al ellos decir que no, Pablo procedió a bautizarlos y luego les impuso las manos y recibieron el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas. Pablo no les volvió a preguntar si habían recibido el Bautismo Pentecostal porque él mismo los había oído hablando y alabando a Dios en lenguas angelicales. (Hechos 19:1-7).

La evidencia es esta: "Cuando un creyente recibe el Espíritu Santo habla en lenguas como prueba de que recibió el Espíritu Santo". Esto es independiente del don de lenguas que puede recibir un creyente como un ministerio adicional que Dios le da (1 Corintios 12:30).

Pero, ¿por qué lenguas? La lengua del hombre puede ser usada para bendecir o maldecir. Es el único miembro del cuerpo que puede corromper el cuerpo entero. Es indomable, lleno de veneno y maldad; Santiago 3:8 dice: "Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal". El hombre puede controlar un caballo con riendas y bozal, puede manejar un barco con un timón, puede guiar un cohete electrónicamente millones de millas por el espacio con una certeza increíble, sin embargo NO PUEDE DOMAR LA LENGUA. Jesús dijo: "Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echaran fuera demonios; hablaran nuevas lenguas..." (Marcos 16:17).

Cuando el Espíritu Santo entra al corazón de una persona, Dios reclama la posesión de la lengua de la persona, sabiendo que cuando le damos la lengua para que Él la domine y la consagre, Él nos posee completamente (Isaías 28:11). Él quiere poseer nuestros corazones, nuestras mentes, nuestros cuerpos, nuestros deseos y voluntades y nuestra lengua. Algunas personas quieren recibir el Espíritu Santo, el Poder Pentecostal, pero NO QUIEREN HABLAR EN LENGUAS. Dicen: "Oh Señor bautízame con tu Espíritu Santo, lléname con agua viva, pero por favor NO HABLES, DEJA MI LENGUA FUERA DE ELLO". Pablo dice en la Biblia: "Quisiera que todos hablaran en lenguas... Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos ustedes... No impidáis el hablar en lenguas"  (1 Corintios 14:5, 18, 39).

¿CÓMO RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO?

El primer paso para recibir este don de Dios, es el arrepentimiento: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y RECIBIRÉIS EL DON DEL ESPÍRITU SANTO" (Hechos 2:38). El arrepentimiento es el girar 180 grados la dirección hacia donde íbamos, y comenzar a caminar con Dios, y dejar que Él sea el amo de nuestras vidas. Arrepiéntase hasta que sienta que Dios le ha perdonado todos sus pecados, examinando su conciencia y dejando que Él le muestre todos esos pecados escondidos. En el momento que usted sinceramente se arrepiente, Dios le perdonará inmediatamente, y sentirá como si le hubieran quitado un gran peso de su alma. Ahora usted puede hablar con Dios y pedirle que le llene con su Espíritu Santo, y lo puede recibir en ese momento, pero hay un segundo paso que es tan necesario como el primero.

El segundo paso es el bautismo en el nombre de Jesucristo. En el Nuevo Testamento el bautismo era un acto de fe, que probaba que la persona se había arrepentido completamente. Es un testimonio público delante de los hombres de que la persona ha decidido entregar su vida a Cristo, y vivir desde ese momento en adelante para Él. En el arrepentimiento usted muere al pecado, en el bautismo usted es enterrado, y cuando usted sale del agua es un acto simbólico de su resurrección a vida nueva. Dios le puede llenar con su Espíritu Santo en el mismo tanque bautismal, antes o después del bautismo en agua. Dios no siempre se mueve de la misma forma. Algunos reciben el Espíritu Santo antes de bautizarse en agua, otros después (Hechos 10:44-48), lo importante es que la persona sea obediente a su mandamiento. (Hechos 5:32).

El tercer paso es la alabanza sincera que sale del corazón. No esté nervioso(a) o tenso(a) o miedoso(a), así se hace mas dificultoso recibir el don de Dios. Siéntase relajado, confortable, con confianza para recibir lo que Dios le quiere dar. Ya usted obedeció la Palabra, ya hizo Su parte, ahora Dios va a hacer la suya, usted sólo tiene que recibir.

El cuarto paso es la fe. Fe de que el Señor va a cumplir lo que Él prometió. Él no te va a dar algo que no es bueno, que te va a hacer daño, Si los hombres siendo malos, saben dar buenos regalos a sus hijos, "¿cuanto mas nuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Lucas 11:9-13). Pida con confianza, con fe, con insistencia y usted va a recibir el agua viva de Dios. Piense en Jesucristo con sus brazos abiertos hacia usted, levante usted sus brazos a Él como si lo fuera a abrazar, y comience con fe a adorarlo, a alabarlo con ¡ALELUYAS!, ¡ALABANZAS! y ¡GLORIAS!, a Dios le agrada esta clase de adoración en el espíritu (Juan 4:23-24), después de todo, ¿no es eso lo que siempre usted ha deseado? ¿Amar a Su Dios en espíritu y en verdad, sin ningún tipo de barrera y de obstáculo? ¿Poder estar usted en Él, y Él en usted, en un éxtasis inexplicable en el espíritu? ¿Con gozo inefable y glorioso? (1 Pedro 1:8; Hechos 13:52). Proceda a hacer contacto con Dios, donde usted va a sentir su divina Presencia. Un calor inconfundible tocará su Corazón, y posiblemente se sorprenderá al sentir lágrimas calientes corriendo en sus mejillas, mientras usted habla palabras de amor y gratitud por su perdón y gran amor hacia usted (Juan 3:16).

El quinto paso es dejar que el Espíritu Santo te sumerja. Cuando usted sienta la presencia del Señor, No pare de alabarlo, sino siga en esa misma actitud de alabanza. Tiene que dejar la dimensión del pensamiento humano y cruzar a la dimensión del Espíritu Santo, "Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" (Isaías 55:9). Su actitud tiene que ser como la de un niño (Mateo 18:3), y confiar en Él 100%. Como un niño cree y obedece, así nosotros comenzamos nuestra transformación espiritual. Nos encontramos hundiéndonos más y más en el océano del amor de Dios. Los labios comienzan a temblar, lagrimas comienzan a correr por nuestras mejillas, la voz puede que se intensifique a un grado más alto, con las manos extendidas como un niño extiende sus manos hacia los brazos fuertes de su padre. Explicando el bautismo del Espíritu, Jesús dijo: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba; Él que cree en mi, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva" (Juan 7:37-39).

El sexto paso es tomar el agua viva que el Señor Jesús te esta dando a beber. Pero nadie puede beber con la boca cerrada. Dios dice: "Abre tu boca, y yo la llenaré" (Salmo 81:10). Dios no te puede llenar tu boca si está cerrada. Algunas personas no reciben de Dios porque cierran sus bocas, o no la abren lo suficiente. Abre tu boca con confianza, y deja que el Señor la llene con palabras angelicales, que Él te va a poner en tu corazón.

Usted tiene sed de esa agua viva, recíbala. La sed es una de las necesidades más urgentes del hombre, y puede ser saciada con agua u otra bebida. Pero la sed del alma sólo puede ser saciada con el agua que procede de lo alto (Isaías 55:1). "Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación" (Isaías 43:3). El tratar de saciar la sed del alma, con cosas de este mundo, lo va a dejar a usted sin saciar su sed espiritual (Job 29:23). Usted puede estar rodeado de agua, pero morirá a menos que abra su boca y beba. "Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente" (Apocalipsis 22:17). Abrid vuestra boca y bebed con sed del Espíritu Santo, de la fuente del agua de la vida (Apocalipsis 21:6). En el Nuevo Testamento la palabra Espíritu también significa aliento. Respira profundamente ese aliento de Dios y hablarás libremente en el Espíritu Santo, las palabras que te daré a hablar.

El séptimo y último paso es entregar su lengua al control del Señor. En el Día de Pentecostés "todos... comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen" (Hechos 2:4). Eso es, hablaron según "el Espíritu les dio palabras que pronunciar", "según el Espíritu les dio facultad para expresarse", "según el Espíritu impulsó sus expresiones". Estas son algunas traducciones bíblicas (otras versiones). Igual que una maestra guía a sus discípulos a decir un poema, ella no les dice el poema, sólo les indica lo que debe decir. De la misma forma el Espíritu Santo no fuerza a nadie a hablar en lenguas, ni habla a través de nadie como si fuese un fonógrafo. Lo que hace el Espíritu es guiarnos dándonos palabras o sugiriéndonos aquello que debemos decir. No es mendigar, persuadir, ni rogar. Tampoco es echar a un lado la dirección del Espíritu Santo tratando de hablar en nuestra lengua conocida (español), ni aun diciendo: "Aleluya", "Gloria a Dios," o "Jesús".

Los discípulos en el día de Pentecostés hablaron las palabras que el Espíritu les insinúo. NO FUE EL ESPÍRITU QUIEN HABLÓ POR ELLOS, fueron ellos los que hablaron voluntariamente. Sintieron palabras extrañas y añadieron sus propias voces. No les interesó lo extraño que iban a sonar esas palabras, ni lo que la gente pensara, HABLARON EN FE.

No todos hablan igual al recibir el Espíritu Santo. Unos hablan en voz baja, otros gritan. El famoso evangelista del siglo XIX Carlos Finney al escribir su experiencia dijo: "Yo recibí un bautismo potente del Espíritu Santo. Lloré fuerte con gozo y amor... Literalmente bramé los sentimientos indecibles de mi corazón" (Autobiografía). Es muy posible que el Espíritu Santo al comenzar te dé palabras muy cortas, de una sílaba. Mientras estén ahí, dilas una y otra vez hasta que Él te dé más qué decir, y habrá más que decir.

Mientras usted continúe recibiendo, Él le va a seguir dando (Salmo 65:9). Igual que los niños no comienzan hablando grandes palabras al principio, sino comienzan hablando palabras como MAMÁ y PAPÁ y los padres se sienten tan contentos que el bebé puede hablar esa palabra, está comenzando a formar palabras con sus labios y su lengua. Ésta es la forma que todos comenzamos a hablar naturalmente y sobrenaturalmente en nuestra lengua conocida, y en nuestra lengua angelical (1 Corintios 13:1). Alguien nos ayudó y nos animó, sílaba por sílaba, palabra por palabra, frase por frase. Nuestro Padre Celestial está complacido, como lo está cualquier padre humano, cuando usted hable las palabras que Él quiere oír. ¿No oyes su dulce insistencia como te dice: "Habla hijo(a) mío (a), habla"?

EL LENGUAJE PENTECOSTAL

El Espíritu Santo te va a impulsar a alguna forma de expresarte, la cual puede ser una, varias o todas estas:

EL TARTAMUDEO es cuando usted comienza a temblar sus labios y su lengua. Si esto sucede hable claramente, en fe. Esto es señal de que hay otra lengua presente… la Biblia dice "En lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablaré a este pueblo" (Isaías 28:11). En este punto muchos impiden que el Espíritu Santo se manifieste, porque persisten en hablar su propia lengua (español), cuando Él nos está guiando dulcemente a hablar su lenguaje, a su modo de hablar. USTED VA A SEGUIR TARTAMUDEANDO MIENTRAS PERSISTA EN HABLAR EN SU LENGUA NATIVA. Cuando usted comience a balbucear, INMEDIATAMENTE deje de tratar de hablar en su idioma conocido y comience a hablar en lengua desconocida. No se puede hablar dos idiomas al mismo tiempo, ES IMPOSIBLE. Nadie lo va a intentar en lo natural. Cuando usted siente que Dios está presente para bautizarlo(a), no estorbe a Dios con repetición de palabras o de frases conocidas en su lengua conocida.

Algunas veces mientras el Espíritu está tratando de impulsar a la persona a hablar en otras lenguas, debido a la bendición que está recibiendo convierten el asunto en una competencia de hablar en lenguas, comienzan a decir "Gloria, gloria, gloria". Casi siempre ganan la competencia con el Espíritu Santo y vuelven a su casa sin recibir nada, diciendo: "¿Por qué no recibí el bautismo?" No importa la bendición que Dios le esté dando, cuando el Espíritu Santo venga sobre usted para bautizarlo(a), no diga nada en su propia lengua, sino use sus propios órganos vocales para hablar las palabras que Él le está proveyendo, no las ahogue con temor e incredulidad.

UN IMPULSO INTERIOR, es cuando usted siente las palabras del Espíritu Santo dentro de usted. A veces las siente cuando esta orando, a veces cuando usted está leyendo la Biblia, cuando está meditando, si usted siente el impulso del Espíritu Santo a decir esas palabras, no lo rechace, obedézcalo y usted hablará en lenguas. Esas personas a veces están esperando que el Espíritu lo haga todo, o creen que esos impulsos son de la carne.

Pero la carne jamás conducirá a nadie al bautismo del Espíritu Santo (Gálatas 5:17). La carne se opone a las lenguas, le dirá que usted mismo es el que esta inventando esas palabras, o que esta repitiendo lo que oyó a otra persona decir. La carne quiere expresarse, y hace que usted continúe hablando en su lengua natural, mientras que el Espíritu esta impulsándolo(a) a hacer lo contrario. La palabra nos dice que sólo el Espíritu Santo es el que inicia el hablar en lenguas. Esas palabras y sonidos extraños no vienen de su carne, o de su imaginación, se los está dando el Espíritu Santo.

Algunos se han visto en sueños hablando en lenguas, y al despertar simplemente siguieron la dirección del Espíritu y continuaron hablando en lenguas. El sueño no fue el bautismo, sino que recibieron el bautismo cuando EN FE hablaron voluntariamente en lenguas después de despertar.

IMPULSOS MIENTRAS HABLA, es cuando usted comienza a hablar en lenguas sin saber lo que dirá. Siente la presencia del Espíritu y sencillamente comienza a hablar en lenguas. Es un acto de fe (Hebreos 11:8). "Creí por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos" (2 Corintios 4:13). La palabra clave es CONFIAR EN DIOS. Sin saber exactamente lo que Dios le hará decir, usted comienza a hablar en lenguas, dejando que Dios le guíe mientras usted está hablando.

Quizás haya algún otro medio por el cual el Espíritu te ayude, te guíe, te dirija o te impulse a qué decir. Dios te va a ayudar a hablar en su idioma. NO DUDES, PREPÁRATE PARA HABLAR EN OTRAS LENGUAS CUANDO RECIBAS EL ESPÍRITU SANTO. Dios te está dando las palabras a expresar, exprésalas con confianza, PRONÚNCIALAS EN FE, CON AUDACIA, REVERENTEMENTE. ¿Estás listo(a) para dar el paso de fe? El Espíritu Santo ya ha sido dado. Ya Dios no tiene nada que dar, es usted el que tiene que recibir. Recíbalo confiadamente, sencillamente tranquilamente como Dios lo ha determinado. No se inquiete ni lo resista, no se ponga nervioso(a) o rígido(a). Dígale: "Señor yo soy tu hijo(a) que ahora estoy obedeciéndote. Estoy bebiendo de tu Espíritu; está cayendo sobre mí; lo estoy recibiendo; me está sugiriendo palabras e impulsándome para hablarlas. No diré nada en mi lengua nativa porque estoy esperando hablar en otras lenguas. No dejaré que mi habla natural se confunda con lo sobrenatural. Seguiré tu dirección y con valor te daré mi voz para decir palabras que estás dándome, no dudaré por un momento ni me sentiré dudoso(a) ni temeroso(a). Estoy listo(a) y abro mi boca para que tú la llenes con tus palabras de vida. Hablaré esas palabras extrañas que están en mi corazón, en mis labios, y que inundan mi alma AHORA MISMO".

DESPUÉS DEL PENTECOSTÉS

Esto es lo que has esperado toda tu vida. Tu espíritu se ha unido al de Él. Qué gozo tan inefable saber que tu cuerpo es ahora el templo del Espíritu Santo. ¿Le has dado las gracias por lo que te ha dado? Alábalo y dale las gracias continuamente porque tienes el privilegio de tenerlo a Él viviendo dentro de tu alma.

Una vez que usted sea lleno(a) del Espíritu, no deje las cosas así, sino renueve su experiencia día a día dejando fluir esa agua viva en su ser. El que recibe el bautismo en el Espíritu Santo debe desear ser lleno(a) una y otra vez. Cuando esté rebosando el agua dentro de usted, va a comenzar a hablar en lenguas nuevamente. Y estos rebosamientos pueden ser aún más gloriosos que el bautismo original.

Cuando las personas no son dirigidas a estos nuevos derramamientos, gradualmente se convierten estériles espiritualmente, y pueden llegar a perder el Espíritu Santo que recibieron originalmente. Su primer deber después de haber recibido el Espíritu Santo es decirle a otros de esta maravillosa experiencia. Cristo dijo: "Me serán testigos" (Hechos 1:8), usted fue bautizado para ser testigo, y no manifestará una vida llena del Espíritu a menos que esté activo como ganador de almas. Predique a Jesús dondequiera que usted esté, allí va a haber alguien que le escuche.

El crecimiento suyo es muy importante para su felicidad espiritual, y para lograr ese crecimiento espiritual, necesita orar, leer la Biblia, ayunar, y asistir a la iglesia a oír la predicación ungida del pastor y su enseñanza que nos ayuda a crecer y a caminar con el Señor. Así usted conocerá cómo tener el fruto del Espíritu en su vida, cómo vivir una vida en santidad, "sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14), y cómo recibir ministerios en la iglesia mediante su Espíritu (1 Corintios 14).

viernes, 17 de febrero de 2012

El Amor que Excede a Todo Conocimiento.



CITA: Efesios 3:19

INTRODUCCIÓN

El amor de Dios es tan grande que nuestras mentes finitas no lo pueden comprender, está por encima de todo concepto o entendimiento humano, Su amor nos atrae hacia Él, nos guía con cuerdas de amor. 

Veamos cinco cuerdas que nos muestran de qué manera es este amor que ha sido extendido hacia nosotros. 

  • Se hizo semejante a los hombres. (Se humilló hasta lo sumo)
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16

  • Se hizo pobre para enriquecernos.
“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. 2 Corintios 8:9

  • Murió por nosotros siendo enemigos de él. (Dio su vida)
 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8
 
  • Nos buscó cuando no le buscábamos.
“Fui hallado de los que no me buscaban; Me manifesté a los que no preguntaban por mí”. Romanos 10:20

  • Permanece fiel aunque nosotros seamos infieles. 
 “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo”. 2 Timoteo 2:11


CONCLUSIÓN

El amor de Dios no tiene comparación, nos da lo que no merecemos, nos sostiene en su iglesia, da sentido a nuestra vida, es la misma esencia de Dios.

“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él… Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. 1 Juan 4:16,19


Escrito por Jorge Isaac Manzano
IPUC Barrio Dangond

jueves, 16 de febrero de 2012

El Nuevo Nacimiento




Desde Génesis 1:11-12, Dios estableció el principio de que todo se reproduzca según su género y todavía es así. Las semillas se reproducen según su naturaleza, las bestias, los peces, las aves y los seres humanos.

Uno nace de lo que fue engendrado. Santiago nos dice “Amados hermanos míos, no erréis. Toda Buena dádiva y don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el que no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de su voluntad, nos ha engendrado, nos hizo nacer por la palabra de Verdad, para que seamos primicias de su creación.” (Santiago 1:16-18). Y el apóstol Pedro dice “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra mala manera de vivir, la cual recibisteis (heredasteis) de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la Sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha ni contaminación.

Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre, y esa es la Palabra que por el Evangelio os ha sido anunciada.” (1 Pedro 1:18-25)

La enseñanza del Nuevo Nacimiento está en las Epístolas, como todas las demás doctrinas fundamentales. Por esto los primeros discípulos perseveraban en la doctrina de los Apóstoles. Dicho de otra manera, los primeros cristianos sabían que los apóstoles fueron elegidos, llamados, instruidos (tres años y medio, 24 horas al día y siete días a la semana) y además fueron enviados por el Señor Jesucristo (Juan 15:16). Por esto la Doctrina y la Iglesia son Apostólicas, no por una razón social, sino porque a ellos se les reveló las distintas Doctrinas.

Un claro ejemplo de ello lo tenemos en la doctrina de la Iglesia. El Señor Jesús, sólo habló dos veces de la Iglesia “Sobre esta Roca edificaré mi Iglesia.” (Mateo 16:18); y “Si no oye, dilo a la Iglesia” (Mateo 18:17). En todo su Ministerio sólo dijo esto de la Iglesia. Pero Pablo escribió 13 cartas y en todas ellas habla de la Iglesia, especialmente en la carta a los Efesios, donde el apóstol describe la Iglesia desde su elección antes de la fundación del mundo, hasta el recogimiento. Ella fue un “misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu.” (Efesios 3:5). Otro ejemplo claro es la doctrina del Nuevo Nacimiento. El Señor Jesús sólo le dijo a Nicodemo dos cosas: Primero, que el que no nace otra vez, no puede ver el Reino de Dios (Juan 3:3). Y segundo “Así como Moisés levanto la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:14-15).

El verso cinco de Juan tres es una repetición y ampliación del verso tres, porque Nicodemo al oír que tenía que nacer de Nuevo, pensó en cómo volver al vientre de su mamá y nacer. El apóstol Pablo, nos dice que él “nos Salvó…” (2 Timoteo 1:9) y luego en Tito 3:5 nos explica:

a. ¿De qué nos salvo? De lo que éramos en otro tiempo, rebeldes, extraviados, etc. (v.3)

b. ¿Cómo nos Salvo? “No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”. (v.5)

c. ¿Para qué nos salvó? “Para que justificados por su Gracia, viniésemos (Llegásemos) a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. (v.7)

Todos los Textos citados demuestran que, primero: La Palabra de Dios es la simiente que engendra y de ella nacemos otra vez. Y Segundo: La Palabra es el agua que lava y limpia y regenera. Jesucristo dijo “Vosotros sois limpios por la por la Palabra que os he hablado” (Juan 15:3). También dijo, oró “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). El apóstol Pablo lo escribió así “Para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra.” (Efesios 5:26). Y el apóstol Pedro lo dijo así “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia la Verdad.” (1 Pedro 1:22).

Por lo tanto, el bautismo en agua no es el nacimiento de agua, porque el agua no es una simiente y por lo mismo no puede engendrar nada. El Bautismo en agua es la sepultura, como lo enseña claramente Romanos 6:3-7, y no puede ser nacimiento y muerte al mismo tiempo. El bautismo es la sepultura del hombre viejo, del adámico, para dar paso a la nueva criatura en Cristo, producto de la simiente de la Palabra de Dios. Un ejemplo natural nos lo explica: Ninguna mujer sabe el momento en el que queda embarazada. Ella supone que está embarazada porque tiene síntomas en su organismo, y por esto se hace una prueba, y cuando comprueba que esta embarazada comienza a esperar un niño. Así también la persona que ha recibido la Palabra de Dios comienza a tener síntomas, sus pensamientos y sentimientos comienzan a cambiar y por lo mismo sus hechos.

Cuando esto sucede, el hombre es nueva criatura y por lo mismo va a sepultar el Viejo hombre en el bautismo, para la remisión y perdón de sus pecados y recibir el don del Espíritu Santo. El Nuevo Nacimiento es un proceso que consiste en engendrar, concebir, gestar y nacer. Este nacimiento es de agua y del Espíritu y es un sólo nacimiento. Porque la Palabra no sólo es el agua sino que también las Palabras del Señor son Espíritu y vida (Juan 5:24-25; 6:63). El Bautismo del Espíritu, no es el nacimiento del Espíritu, sino el testimonio de que somos hijos de Dios (Juan 1:34, Romanos 8:14-16; Hechos 15:8). Es el sello y las arras de nuestra herencia (Efesios 1:13-14). El bautismo del Espíritu es para los hijos, (Juan 14:18; Gálatas 4:4-6). El perfecto ejemplo de esto es el mismo Jesucristo: Cuando él fue al Jordán para ser bautizado, y el Espíritu descendió como paloma sobre él, él ya tenia 30 años de haber nacido de la Palabra, porque Él es el Verbo hecho carne, y como bien dice Juan, es el testimonio de Dios de que él es su Hijo amado.



Escrito por Eliseo Duarte
Misionero IPUL

La Unidad de los Creyentes



Al discutir el plan de salvación en sus diferentes epístolas, el apóstol Pablo varía un poco el énfasis sobre algunas doctrinas. En Romanos, por ejemplo, él enfatiza especialmente acerca de la fe aparte de las obras. En Gálatas, acerca de la fe aparte de las observaciones ceremoniales. Mientras que en Efesios concede suma importancia a la doctrina de la UNIDAD DE LOS CREYENTES.

Tomemos como tema de esta meditación el pasaje en el capitulo 4 de esta epístola a los Efesios versos 1 al 16.

En ninguna otra parte del Nuevo Testamento se trata el tema de la unidad de los santos de una manera tan hermosa como en esta porción.

En los versos 1 al 3, el habla de la unidad del Espíritu. Esto no quiere decir naturalmente, que no puedan haber entre los creyentes diferentes opiniones aun acerca de algunas doctrinas o métodos para el trabajo en la Obra de Dios, ya que en el verso 13 se indica claramente que todavía no hemos llegado a la unidad de la fe. Pero en cambio se nos amonesta a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la Paz en lo cual debemos poner toda solicitud y diligencia.

Más adelante la Palabra de Dios nos muestra cuáles son las siete unidades que ligan y componen para recibir el alimento que nos hace tomar aumento de cuerpo para edificarnos en amor.

UN CUERPO: La biblia enseña de la manera más clara que todos los creyentes somos bautizados por un mismo Espíritu en un Cuerpo, y esta unidad del cuerpo de Cristo elimina toda clase de diferencias sociales, raciales o de nacionalidad. Toda acepción de personas es condenada duramente en la Palabra de Dios. (Santiago 2:1-5)

UN ESPÍRITU: No hay sino un solo Espíritu Santo el cual opera desde el principio de la creación y a través de toda la Biblia. Sólo que ahora en esta maravillosa dispensación de la gracia, este Espíritu tiene un ministerio glorioso, el cual es bautizar a todos los creyentes en un solo cuerpo. Si reconocemos la presencia del Espíritu Santo en la vida de nuestros hermanos nos sujetaremos a ellos en el temor de Dios.

UNA ESPERANZA: Esta esperanza bienaventurada que unifica y purifica a la iglesia no es otra que la segunda venida del gran Dios y Salvador nuestro JESUCRISTO. Cuando todos miramos al gran día en que seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es, todas nuestras diferencias quedan eclipsadas ante tan gloriosa esperanza.

UN SEÑOR: Esta creencia en un solo Señor es una tremenda fuerza de cohesión en la Iglesia. Desde el momento en que reconocemos que no hay varios señores de la Iglesia sino que Uno Solo es el Jefe Supremo, desaparecen los deseos de dominar y tener señorío sobre las heredades del Señor.

UNA FE: Existe un cuerpo de doctrinas que se llaman fundamentales sobre las cuales no pueden haber diferencias de criterio. Estas doctrinas se refieren al plan de salvación anunciado por el Apóstol Pedro el día del nacimiento de la verdadera iglesia de Dios. Es a saber


  • ARREPENTIMIENTO, BAUTISMO en agua por inmersión en el Nombre de JESUCRISTO para remisión de los pecados y el BAUTISMO del Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en otras lenguas. Sobre esto no deben haber divergencias.

UN BAUTISMO: Si hay alguna doctrina que haya causado las más profundas divisiones en el llamado Cristianismo, es esta del bautismo. Pero Pablo habla de un solo bautismo, y este bautismo debe ser de acuerdo con el plan anunciado por el Señor a Nicodemo. O sea el nacimiento de agua y del Espíritu. Estos dos elementos, agua y Espíritu, constituyen el solo bautismo de que nos habla el pasaje que comentamos.

UN DIOS Y PADRE: De todas las siete unidades, esta de la fe en un solo Dios, es la más importante. El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor UNO es. Cuando todos llegamos a entender y conocer y creer que no existe sino un solo Dios, y todos tributamos adoración a este Dios indivisible, este hecho constituye la más grande fuerza de unidad en la Iglesia.

Otro motivo de unidad en la iglesia lo constituye la comprensión de parte de los Ministros de que nuestros ministerios son dones concedidos por el mismo Señor a la Iglesia como un Cuerpo.

De manera que el verdadero Ministro debe estar dispuesto a ministrar a la Iglesia en general donde quiera que sus servicios sean requeridos. Los diferentes Ministerios se deben, no a la habilidad o piedad personal, sino a la gracia que recibimos conforme a la medida del don de Cristo. Y esta gracia debe ser usada para la perfección de los santos, para la obra del ministerio, en la fe al conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo.

Este despliegue de los diferentes ministerios por toda la Iglesia en general causa el crecimiento de los creyentes y su afirmación en la fe a fin de no ser engañados por la estratagema de los falsos maestros que emplean con astucia los artificios de error.

Pongamos sumo cuidado para que ahora que la Iglesia en Colombia ha llegado, por la gracia de Dios, a este grado de crecimiento y desarrollo, no vayamos los Ministros a tener criterio de orden local solamente y busquemos sólo la comodidad personal y no la edificación del Cuerpo de Cristo tal como se presenta en la Epístola a los Efesios.


Domingo Zúñiga Cortés
Superintendente de la IPUC

Tomado del HERALDO DE LA VERDAD
Enero 1969, No. 81

lunes, 13 de febrero de 2012

El Bautismo Cristiano


¿Qué es el bautismo?

El bautismo cristiano es una ceremonia en la cual la persona que se ha arrepentido de sus pecados es sumergida en agua en el nombre de Jesús.

¿Para qué es el bautismo?

Para perdón de los pecados (Hechos 2:38), para que sean borrados nuestros pecados (Hechos 3:19), para lavar nuestros pecados (Hechos 22:16), para anular el acta de los decretos que nos era contraria “el registro del pecado y su condena” (Colosenses 2:14), para salvación (1 Pedro 3:21), para revestirnos de Cristo (Gálatas 3:27), para tomar el nombre de la familia de Dios (Efesios 3:15).

¿Para quién es el bautismo?

Para creyentes arrepentidos (Lucas 3:7-8; Hechos 2:38), para los que reciben la palabra (Hechos 2:41), para los que creen al evangelio (Hechos 8:12; 8:36-37; 18:8), para hombres y mujeres “no para infantes” (Hechos 8:12).

¿En qué modo debemos ser bautizados? ¿Por inmersión o aspersión?

Por inmersión en agua (Hechos 8:36-39; Mateo 3:16; Juan 3:23).

¿Cuál es la fórmula bautismal enseñada por la Biblia?

En el nombre de Jesucristo (Hechos 2:38), en el nombre de Jesús (Hechos 8:16), en el nombre del Señor Jesús (Hechos 10:48; 19:3-5), invocando su nombre (Hechos 22:16; Santiago 2:7).

Si el bautismo cristiano es en el nombre de Jesucristo, ¿por qué el Señor Jesús dijo a sus discípulos que bautizaran en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo?

Porque el nombre del Padre es Jesús (Juan 5:43), porque el nombre del Hijo es Jesús (Mateo 1:21), porque el nombre del Espíritu Santo es Jesús (Juan 14:26), porque el nombre de Dios y el Cordero es uno (Apocalipsis 22:3-4), porque el Señor es uno y uno su nombre (Zacarías 14:9).

¿Por qué debemos ser bautizados en el nombre de Jesús?

Porque no hay otro nombre en que podamos ser salvos (Hechos 4:12), porque recibimos perdón de pecados por su nombre (Hechos 10:43), porque todo lo que hagamos sea de palabra o de hecho debemos hacerlo en el nombre de Jesús (Colosenses 3:17), porque Jesús es nombre sobre todo nombre (Filipenses 2:9-11; Efesios 1:20-21).

¿Qué debe hacer una persona que no ha sido bautizada de manera correcta?

Debe ser bautizada nuevamente, pero esta vez en el nombre del Señor Jesús (Hechos 19:1-5).

¿Qué debe hacer un creyente si comete pecados después del bautismo?

Confesar sus pecados a Jesucristo, obtener perdón y no aceptar ninguna condenación (1 Juan 1:9; 2:1; Romanos 8:1)

¿Qué referencias tipológicas usa la Biblia con relación al bautismo?

Sepultura (Romanos 6:4; Colosenses 2:12), Circuncisión (Colosenses 2:11-13), el cruce del Mar Rojo (1 Corintios 10:1-2), el diluvio de Noé (1 Pedro 3:20-21).   


Compilado por Jorge Isaac Manzano
Profesor de Historia de la Iglesia
IBANv-Hechos 2:38