sábado, 18 de febrero de 2012

Opciones Proféticas: Introducción



Por Tomás W. Drost
Introducción del libro 
Opciones Proféticas





“OCUPAOS HASTA QUE VENGA”

       En el año 1967 fue un año de muchas expectativas y, en retrospectiva, el cumplimiento de muchas predicciones bíblicas. La atención de tantos hermanos en la Iglesia estaba en lo que ocurría en el Medio Oriente. En el mundo cristiano, las predicciones y enseñanzas sobre profecía parecían crecer como un río en tiempo de inundación. La expectativa de todos era, que la pequeña nación de Israel, atacada y presionada por las naciones árabes, iba a romper ese “cerco” y tomarse la ciudad de Jerusalén. La frase que tanto se usaba en ese momento era que, “el tiempo de los gentiles” llegará a su fin. ¿Por qué?  Por una mala interpretación de lo que dijo Jesús en Lucas 21:24.

         En junio de este año, el mundo presentó “la guerra de los seis días”. Parecía como que Israel tenía todas las de perder por ser tantos más los árabes que luchaban contra ellos, y como que fácilmente serían derrotados. Pero ¿cuál fue la sorpresa de todos? En vez de perder, Israel no sólo se pudo defender, ¡pero también se tomaron la ciudad de Jerusalén! Fotos inolvidables fueron vistas en todo el mundo y estuvieron en las primeras planas de los periódicos – fotos que permanecerían grabadas en las mentes de tantos que vivieron ese año memorable de 1967. Fotos de soldados israelíes tirando sus armas, llorando, mientras corrían al “muro de lamentaciones”, arriesgando sus mismas vidas (¡algunos sí murieron!), arrodillándose a orar por primera vez en cientos de años, en un lugar tan sagrado para los judíos - ¡en el lugar del templo!

         ¡Todos se sentían conmovidos! Creó un ambiente de expectativa. ¿Qué iría a ocurrir ahora? Había un sentir de que en cualquier momento Jesús vendría a recoger a Su Iglesia – que el fin ya estaba sobre nosotros.

Pero, ese era el mismo año en que mi familia (mis padres) se estaba alistando para ir a un “nuevo” campo de labores – España. Después de haber servido como misionero por 20 años en cuatro diferentes países (Colombia, Uruguay, Brasil y el Perú), mi padre (Bill Drost) había sentido la dirección de Dios de ir a España. En la primera parte de ese año (antes de “la guerra de los seis días en junio”) mi padre había estado tres meses visitando y conociendo España, como quien dice, espiando el terreno. Regresó con un convicción que SÍ ERA la voluntad de Dios ir a esa “fortaleza” de religión, tradición y de alcanzar almas para el Señor. Parecía ser una tarea tan difícil – tantos obstáculos – pero también había un sentir de que estaba cumpliendo con un destino.

         Yo sólo tenía 17 años de edad, pero tal vez estaba igual de emocionado que mi padre acerca de ir a España. Ya estaba predicando, siendo que empecé a una edad muy joven (los 14 años de edad). Simplemente sentía que ir a España iba a ser una oportunidad dorada para estar involucrado en una aventura espiritualmente gloriosa y de conquista. Habiendo sido criado en una ambiente de “avivamiento” observando a mi padre siendo grandemente usado por Dios en los diferentes países donde sirvió, mi mente joven sólo visualizaba victorias y bendición.

         Pero, la gente con ideas negativas no dejaron de hacer su aparición y hablar en contra de la propuesta. Algunos con “indirectas” desde el púlpito; otros con directas. Lo que decían se resumen en lo siguiente: ¿Por qué gastar todo ese dinero y hacer ese gran esfuerzo para ir a España, siendo que “el tiempo de los gentiles” obviamente había llegado a su final y no podrían haber más personas (gentiles) que se salvaran? Que lo que todos debían hacer era, sólo esperar, estar en vigilia para la venida del Señor, puesto que pronto tenía que ocurrir - ¡en cualquier momento!

         Jamás olvidaré la tremenda presión que eso trajo sobre mi padre. Algunos hasta llegaron a cuestionar si realmente había sido llamado por Dios para ir a España – a la luz del supuesto cumplimiento de profecía en el mundo. Incluso, hubo Ministros de renombre que predicaban, que ya no habría más “avivamiento”; ya nadie más podría ser salvo. Que lo único que podía hacer la iglesia era “mantenerse” salva. Pero, en medio de todo eso, como un bulldog tenaz, mi padre seguía insistiendo que había escuchado la voz de Dios y que era el momento de alcanzar a España con el evangelio.

         Cuando alguno le preguntaba directamente, e intentaba señalar la discrepancia entre lo que estaba ocurriendo en el mundo y lo que decía mi padre (quien no se consideraba un teólogo, ni un maestro de profecía, sino que sólo era un ganador de almas), lo único que él les contestaba era “Yo me amparé al mandato que nos dijo Jesús en Lucas 19:13 “Negociad en tanto que vengo” (o como lo dicen algunas versiones “ocupaos hasta que venga”). Si ocurre la semana que viene, o si ocurre de aquí a un año, yo quiero estar ocupado salvando almas. ¡Qué argumento! Y… prevaleció.

         En octubre de ese año (1967), mi familia estuvo en un transatlántico de Nueva York a España, llegando siete días más tarde en el puerto sureño de Málaga. Humanamente parecía una necedad y una aventura inútil. Mi padre no era un hombre joven, ya tenía 52 años de edad – no es la mejor edad para estar llegando a un país nuevo, abriendo un campo nuevo. Pero, Dios honró esa total y completa confianza que puso en Él.

         Ya han pasado más de 40 años desde que ocurrió eso y, ¿quién tuvo la razón? Francamente, como Iglesia, hemos visto lo que era inimaginable en 1967. No cientos, no miles, sino cientos de miles han sido bautizados y llenos del Espíritu Santo desde ese año.

         ¿Será que eso es todo lo que vamos a ver? ¿Habremos llegado a lo máximo? ¿Será que ya hemos alcanzado lo más que podemos lograr, y la mayor cantidad de almas? ¡No! ¡Mil veces no! En vez de pensar que lo único que podemos hacer es “esperar y aguantar”, y que no podemos esperar grandes resultados antes de que Jesús venga por su Iglesia, más bien, ¡estamos en el umbral de oportunidades inimaginables! Por lo tanto, al igual que tenemos que ejercitar fe y creer para tener sanidades y milagros, también tenemos que creer y tener fe para que veamos crecimiento y un avivamiento.

         En forma mayor o menor, todos nosotros (en forma individual o colectiva) nos enfrentamos a momentos en nuestra vida y experiencia donde tenemos que decidir si sólo nos vamos a conformar con lo que tenemos, o si vamos a creer a Dios y alcanzar nuestro mundo que tanto necesita la salvación. Jesús todavía le está diciendo a la Iglesia: ¡ocupaos hasta que venga! Todavía hay tanto qué hacer, y si tenemos la actitud y mentalidad correcta, ¡lo podemos hacer!

         Cada uno tenemos que decidir si sólo vamos a “aguantar” y esperar la Venida del Señor, o si vamos a desgastarnos para Dios y hacer lo que Él quiere que hagamos - ¡alcanzar más almas!

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